miércoles, 5 de agosto de 2020

Tercera jornada Ensenada - Rancho San Carlos

Dormimos muy bien, algunos despertamos muy temprano.
Yo fui a caminar a la playa, en ella había surfistas y un grupo de señoras haciendo zumba en la playa. A lo lejos, para completar el espectáculo, cruzaban algunos barcos.

Recogimos el campamento, yo desayuné una avena con que preparé con una poca de agua caliente que me regaló un compañero, pues no he comprado el botecito de gas para mí estufita portátil.

Nos despedimos del «CaraEMango» nuestro anfitrión en la Surf House. Nos tomamos una foto con un vendedor de mariscos nos pidió para promocionar su puesto de carrito. 

Luego fuimos al taller de bicicletas para hacer los últimos ajustes de los detalles que salieron estos días, pues de aquí en adelante será bastante difícil, sino que imposible, encontrar talleres y refacciones. A mí sólo me calibraron los cambios que seguramente se desajustaron con el ajetreo del avión. 

Después del taller nos fuimos a la vuelta a un carrito de la esquina a comer los famosísimos tacos de pescado. Son deliciosos, esquisitos, solo me comí tres, pues ando cuidando mi estómago.

Ahí les avisé que iría a comprar el botecito de gas para mí estufita y me fui en mi bici a cuatro cuadras a comprarlo, había cola y me tarde un poco, cuando regresé ya no estaban. Sin problema, por mensajes me indicaron el luentobde destino, y como el grupo andaba diseminado haciendo compras y otros preparativos, decidí enfilarme hacia el puento de destino, crucé la ciudad, primero por una bella y comida ciclovía y después sobre la avenida que conforma la carretera número uno, donde el tráfico era muy pesado y había que ir muy atento. 

Unos 20 kilómetros adelanté, me desvíe hacia la izquierda por un camino de terracería por el cual había que recorrer 19 kilómetros para llegar al Rancho San Carlos.

Al único del camino había campos de cultivo y vi que cargaban una camioneta de rábanos. Más adelante había minas de graba y el panorama cambiaba a montañas rocosas, secas y con apenas atisbos de vegetación. En algunos lugares las rocosas y secas montañas a los lados del camino hacían contraste pues enmedio de la cañada por dónde corre el camino que iba yo recorriendo hay un riachuelo y manantiales lo que hace que esa zona aparezca verde y arbolada. 

19 kilómetros son pocos, pero en esa terracería, que por momentos estaba muy pedregosa, con cuestas, y a las 2 de la tarde con el sol de La Baja, así, ya no son tan pocos. Pero a esos venimos: a disfrutar del sol, de los caminos, del esfuerzo. 

Más adelante me encontré a Jesús (tenemos dos Jesuses en el grupo) y rodamos un rato juntos, conversando sobre nuestras vidas.

Al avanzar encontramos dos charcos que atravesaban el camino, ahí nos alcanzaron otros tres compañeros. Algunos los cruzaron rodando mojandose los zapatos. Yo preferí ponerme las chanclas y pasar caminando.

Los últimos kilómetros para llegar al balneario son un espectáculo imponente, las altas montañas rocosas y secas, su vista me provoca esa sensación que el filósofo Kant llama sublime. 

Al fin llegamos, yo acostumbrado a los hermosos balnearios de Morelos, veo este medio rascuacho, pero me digo para mis adentros, para que valores lo que tienes. Además me dispongo a disfrutar lo que hay. 

Monto mi casa, son las 5 de la tarde. Después me voy a lavar mi ropa, en una cubeta, pues no hay lavaderos. Después de lavar me meto al las albercas, son de aguas termales y sí bien caliente, en una de ellas podrías, muy bien, pelar un pollo. 

Al salir de la alberca me doy un regaderaso en la única destartalada regadera que funciona y me voy a tender la ropa. 

Luego fui a una tiendita que está cerca y compré: agua, una soda (acuérdense que ando en el norte) seis huevos y tortillas de harina.

Al regresar estuve conversando con Hetzel yas tarde, instalé mi estufita, por primera vez, y preparé unos burritos de huevo, me quedaron muy bien, deliciosos. De postre, un dulce de leche que compré en Ensenada. 
Ordené y metí en las alforjas y en la casa de campaña todas las cosas, pues sino amanecen mojadas por el sereno. 

Me fui a dormir temprano.

No tenemos internet y ya no me dió tiempo de avisar, espero no se preocupen demasiado por mi desconexión. 

Y aquí me tiene escribiendo esta reseña a las 5 de la mañana en medio de la sierra de La Baja. Lavando mi ropa, cocinando mis alimentos y sin las «benditas redes sociales».

P.D.
Hoy, no supe dónde, perdí mis lentes y mi pañuelo libanés. Ambos regalos, los primeros de mi amigo Cuau y el segundo de mi hermano Jesús. Los lentes ya los repuse, pero el pañuelo no será tan fácil. 
Enseñanza: «Ponte atento, no pierdas la concentración»

lunes, 3 de agosto de 2020

Segunda jornada: Popotla - Ensenada

La salida estaba planeada las 6 de la mañana, pero imagínense ¡pernoctamos en una fábrica de cerveza artesanal! así que al final salimos a las 8 de la mañana.
Ya somos un contingente de 22 ciclistas.
Es todo un espectáculo vernos rodar por la carretera escénica, las personas al vernos con las alforjas nos preguntan a dónde van, cuando los decimos que vamos a Chetumal,hacen una enorme cara de asombro y nos desean parabienes, otras personas nos pitan desde los carros, pero no para que nos quitemos, sino para saludarnos, los niños nos dicen adiós. «Hasta los perros nos respetan» (eso sería bueno.)
El día amaneció brumoso y bastante fresco ideal para rodar pero nos quitaba las vistas del océano que siempre, siempre nos escoltó a la derecha.

Estos lugares son tan bonitos que hasta el diablo tiene una casa aquí, está a un costado de la carretera y por supuesto la visitamos.

¿Sabías que las carreteras de México están numeradas? Pues nosotros rodamos hoy por la número uno, esta es la carretera 1.
Es una carretera muy bonita muy visitada, vimos grupos de motociclistas, y muchos, muchos ciclistas. La carretera se encuentra en magnífico estado muy, muy bien conservada, así que vimos muchos grupos de ciclistas de ruta.

Nos esperaba el reto del día, la subida del tigre, una subida continua de 19 kilómetros que requería un muy buen estado físico. Como premio, las vistas, las maravillosas extraordinarias, y fantásticas vistas que me hicieron llorar a medio camino de alegría, de satisfacción, de gozo.
Somos un grupo de 22, pero no vamos rodando de manera compacta, rodamos por grupos de dos, de tres. Según el ritmo que quiera tener cada quien, algunos rodamos solos, a mí me gusta hacerlo a veces con un grupo y a veces solo. Pero siempre vamos pendientes del grupo y nos apoyamos en todo. 

Esta es una zona de viñedos y tradicionalmente se hace una visita a uno de ellos. Pero ya saben el viejo cuento, la contingencia, así que nos conformamos con detenernos a la orilla de uno de ellos tomar fotos y comer fruta.

Una vez superada la subida del tigre, todo fue coser y cantar pues desde lo alto de la sierra nos descolgamos velozmente hacia la ciudad de Ensenada, pura bajadita.

Así tuvimos a la vista la ciudad de Ensenada, muy bonita, lo primero que me agradó fue que el camino de acceso tiene unos muy anchos, anchos acotamientos, lo que permite rodar con seguridad y comodidad.

También ya dentro de la ciudad tienen ciclovías junto a la playa las que disfrutamos muchísimo rodando.

Nos aglutinamos en el mero centro de Ensenada, por dónde está el asta bandera, una vez todos juntos nos dirigimos al lugar donde pernoctariamos, un lugar junto a la playa, en ese lugar el profesor mata nos obsequio con un delicioso y abundante ceviche, me comí seis tostadas.

Después de montar mi casa de campaña y comer, me fui a caminar por la playa, que ya se encuentran abierta y era muy bonito ver a las familias los perros a la gente disfrutando de la playa.
Por la noche, por supuesto que hubo fogata,aunque poco concurrida, pues todo mundo resentía los estragos del día anterior.

Yo me puse a escribir el relato que estaba atrasado y finalmente me fui a dormir.


¡A canijo llorón!

Difícilmente lloro, mi hija Judith, me dijo un día que nunca me había visto llorar.

 Y no es que me haga el fuerte, pero así ha sido desde hace muchos años. En los últimos diez años, seguramente no he llorado ni diez veces. 
La historia es que hoy que rodamos los setenta y cinco kilómetros de Popotlan a Ensenada al ir viendo todos los fantásticos paisajes, al llegar a una zona que tiene unas altas peñas, salpicadas de unas plantas del tipo de las suculentas, de pronto sentí un nudo en la garganta, de alegria, de felicidad, de plenitud, y empecé a llorar, lloré y lloré por un buen tramo, mientras seguía disfrutando las vistas, el viento, el sol en mi rostro, los músculos llenos de sangre en mis piernas, y mis pulmones jalando el aire a todo fuelle. ¡Que viaje!

domingo, 2 de agosto de 2020

Primera Jornada: Tijuana - Popotlan

Desperté a las 6 de la mañana pero me levanté a las 7 pues el día anterior me dormí a las 2 de la mañana por estar, primero platicando con Miguel y Ana y después terminado de ordenar y empacar las cosas que llevaría.

Al levantarme tenía ya todo preparado, desayuné plátano con manzana. Nos despedimos con mucho sentimiento. 
Ramiro me llevó en el auto hasta el punto de salida que tuvo que ser cambiado por la contingencia.

Al llegar a la casa donde llegaron todos, el ánimo estaba al tope, saludé con gusto a varios Chichimecas que conocí en años pasados cuando pasaban por Cuautla. Otros más venían por vez primera. Oaxaca, Zacatecas, Puebla, CDMX, Estado de México, Guerrero, Morelos tenía tres representantes.

La salida estaba planeada a las 10 de la mañana, pero había ciclistas que ese día llegaron en avión y los esperamos. Salimos a las 12 de la mañana con el sol a tope. Algunos compañeros bse quejaban del calor, yo no lo sentí tanto.
Salimos de la ciudad y nos despidió con murales.
Los compañeros escogieron un camino de terracería que pasa al lado de una laguna. Ahí mi llanta se ponchó, sin problemas, cambié la cámara y vámonos. Pasamos por una laguna que a ellos les gustó mucho, yo pensaba: es que no conocen las se la Sierra de Huautla.
Todos íbamos muy contentos y efusivos. 
Este tipo de recorridos no son una carrera, se rueda al ritmo que cada quien quiere, nos paramos dónde queremos, desde comprar una paleta, sacar una foto o ir al baño.

Así que después de pasar por la presa y avanzaron unos 10 kilómetro por la carretera nos detuvimos al borde de la carretera a refrescarnos con unas deliciosas nieves. Ya el calor apretaba y quiera uno quedarse ahí y acabarse un bote.

Retomamos el camino ya con el sol a plenitud. Muchos iban conociendo sus bicicleta y rodando por por primera vez con alforjas, lo que es muy diferente a rodar sin peso.
llegamos a comer al poblado de Popotlan que se encuentra la orilla del mar, las playas están cerradas, pero todos los pequeños restaurantes que se encontraban en la playa, se movieron a la parte superior, al estacionamiento, y ahí comimos unos deliciosos tacos de camarón, los más deliciosos tacos que he probado.

Barriga llena corazón contento ya descansados, comidos y refrescados, le dimos el último jalón  para llegar al lugar donde pernoctariamos, la casa de una persona que fabrica cerveza artesanal, ahi acampamos y los bebedores de cerveza fueron felices esa noche.


sábado, 1 de agosto de 2020

Las golondrinas en Tijuana

Las golondrinas en Tijuana
Hoy es el último día de paseo por Tijuana. 
Mañana iniciamos La Ruta Chichimeca.

Seguimos sin agua en la casa de Miguel. Me fui a rodando a Playas de Tijuana, el recorrido es de ensueño, es una carretera de doble carril

que en 15 kilómetros pasa por todos los estratos sociales y económicos que componen la ciudad, desde las precarias chozas colgadas de los cerros  
hasta las residencias en la orilla de la playa, pasando por todos los estratos intermedios.

Ahora sí me fui deteniendo a tomar todas las vistas que me parecían interesantes.

Encontré una biblioteca cubierta en los cuatro costados de su exterior por bellísimos y originales murales. 
 Sobre la Avenida de Las Playas encontré el que me parece representa una situación que desafortunadamente prevalece en el país.

La zona turística principal sigue cerrada. Pero alejándose de ahí unos dos kilómetros,  se puede acceder a la playa, cosa que hice.

Había quedado con Miguel de regresar pronto para ir a bañarnos a casa de su hijo. Así que emprendí mi regreso. De regreso es subida, pedalee a ritmo suave para estar bien mañana que inicia La Chichimeca.

Pasé por un túnel largo, más subidas y yo cuidando de no forzarme y de repente, me doy cuenta que ya había llegado. 

Entre en la casa, tomé mis artículos de baño y emprendimos la procesión al baño del hijo de Miguel... (Continuara)