Rodada a la Vía Verde
Hace algunas semanas me llamó Cesar, preguntando si podía guiar a un grupo de ciclistas de la Ciudad de México que querían recorrer La Vía verde, de Puente de Ixtla a Iguala, Guerrero, por el camino que seguía el antiguo tren del Balsas, y del que ahora sólo queda el trazo. Le contesté que sí y acordamos la fecha: el 26 de septiembre.
El
sábado 25, lavé, revisé y alisté mi bicicleta. Yo vivo en Cuautla, Morelos, quedamos de
encontrarnos en Cuernavaca, así que para estar puntual a la cita me fui el
sábado a Cuernavaca, me gusta irme por un camino poco conocido, El Camino Real
de Yautepec, pasa por detrás de los cerros de Las Tetillas, atravesando la
Sierra de Montenegro, tiene una bonitas vistas del valle de Yautepec, la novela
del Zarco inicia con una descripción de esta vista. Salí de Cuautla a la una de
la tarde y a las 6 de la tarde ya me estaba comiendo una deliciosa hamburguesa
en AltaVista, en Cuernavaca.
Me quedé a dormir en casa de mi madre, el domingo a las 7 en punto me encontré con el grupo, “Sin Líder”, se llama. Nos encontramos en la salida sur de Cuernavaca, al llegar al punto ya estaban ahí, eran tres camionetas, con 36 ciclistas. Pusieron mi bici en un portabicicletas en la parte de atrás de una de las camionetas, y partimos. Quise saludar al grupo, pero apenas iba amaneciendo y todos iban bien dormidos. Más adelante las camionetas se detuvieron en una tienda, ya había amanecido, de repente oigo una voz, ̶ hola, Jorge. Era Laura y Marco Antonio, mis amigos ciclistas de la Chichimeca, con los que recorrimos todo México de Tijuana a Chetumal, nos dimos un efusivo abrazo.
Llegamos
a Puente de Ixtla, el punto de partida un poco antes de las 8 de la mañana, bajaron
la bicicletas y empecé a conocer al grupo. Las edades: desde los 12 a los más
de 60, varios papás con sus hijos, una buena parte de mujeres, algunas muy
jovencitas. El ambiente muy animado, les dimos una breve platica con las
recomendaciones para el recorrido. El grupo es bien organizado, y establecieron
una vanguardia y guía, un grupo medio y un grupo barredora, en bici, ya que las
condiciones del camino hacen imposible que nos siga un vehículo. Jorge, el
coordinador nos dio unos radios de comunicación para estar conectados. Y… ¡Vámonos!
Cruzamos
alegremente las 10 cuadras que nos sacaron del pueblo. Un grupo de casi 40
ciclistas de todas las edades es un verdadero espectáculo, los niños en las
calles nos gritan ¡adiós!, los perros nos ladran, los jóvenes nos dan pulgar
arriba y las señoras y señores lugareños nos saludan con cordialidad.
En
unos minutos estamos en los limites del pueblo, marcado por un puente de acero,
“El puente de fierro” por ahí pasaba el ferrocarril. Es sitio obligado para la
foto de salida.
Reiniciamos el recorrido, el camino es de terracería en buen estado, tiene una leve, muy leve pendiente hacia arriba, que se siente a la larga. Está flanqueado por campos de cultivo, laderas, cerros y barrancas. Por aquí pasaba el ferrocarril del balsas que iba desde Cuernavaca a Iguala. En las laderas rocosas a ambos lados del camino han crecido los amates amarillos aferrándose con su preciosas raíces exteriores a las rocas, dando un espectáculo hermoso.
Más adelante
encontramos otro puente, están muy bien construidos, estos puentes tienen
todavía a la vista las placas que dan cuenta de la fecha de su construcción, que
es 1896, por una compañía norteamericana ubicada en Kansas.
En Casahuatlán
qué es el último pueblo del estado de Morelos ya en la en la frontera con el
estado de Guerrero nos detuvimos en una tienda y para tomar unos refrescos, algunos
aprovecharon para ajustar sus bicicletas.
Unos
kilómetros adelante el camino estaba partido en dos, al parecer ya hay algunas
personas que quieren hacerse con estos terrenos que son federales, y metieron
una máquina, hicieron una gran brecha, así que tuvimos que cruzar cargando las
bicicletas. Los obstáculos en una rodada de estas se convierten en diversión y
en pretexto para tomar más fotos.
El grupo “Sin
líder” tiene la estrategia, de que a los que tienen menos aguante los ponen al
frente y de esta manera se sienten motivados a pedalear.
Un poco
después, el camino corre paralelo a los arroyos, y en uno de ellos, hace algún
tiempo hicieron un balneario rústico, del cual solamente perduran ya las construcciones
abandonadas, pero, el río ahí tiene buena profundidad y se forman unas pozas, las
cuales el grupo aprovecho para echarse un refrescante chapuzón.
Después de
habernos refrescado seguimos nuestro camino y todos preguntaban cuánto faltaba
para Buenavista de Cuéllar y durante la última media hora les dije que 5 km,
por fin llegamos.
En Buenavista
de Cuéllar comimos delicioso en un pequeño restaurante. Yo pedí un asado de res
que estaba exquisito y desde luego una Yoli bien helada de vidrio. Les
recomendé que compraran el inigualable queso de cincho que venden en el mercado,
cosa que yo hice, y después de haber comido opíparamente nos preparamos para el
último jalón, la cereza del pastel.
Para esta
segunda etapa todos los que ya iban muy cansados se subieron a la barredora que
ahí nos esperó, ya solamente quedaron los que se sentían más fuertes. Me dieron
instrucciones, ya que yo los iba guiando, de que le metiéramos velocidad, así
que en los próximos 15 km le dimos a tope, sintiendo correr en nuestras venas
la adrenalina, porque el camino es un tanto difícil. Ya cerca del punto más
importante del recorrido qué es El cañón de la mano, conocido también como el Puente
de la S porque el puente tiene precisamente la forma de una S, el puente se
llama Porfirio Díaz.
Este tramo está
en la parte más alejada de Buenavista de Cuéllar, por lo tanto, es poco
recorrida y después de las lluvias el camino tiene muchas piedras, tiene los
restos de los durmientes de las vías del tren, hay muchas ramas y plantas
espinosas a los costados, entonces tiene uno que ir con mucho cuidado. Ahí ya
bajamos el ritmo, pues nos íbamos cuidando, algunos compañeros se cayeron, pero
no pasó a mayores.
Por esa zona
se pasa también por unos túneles qué atraviesan unos montes rocosos, paraje que
es también muy bonito, ahí el contingente se alargó, los que íbamos adelante
avisamos por los radios que llegaríamos y los esperaríamos en el Puente de la S.
Llegamos al punto a las 5:20 de la
tarde, habíamos salido de Puente de Ixtla a las 8 de la mañana. Un poco después fueron llegando los demás,
todos maravillados, sorprendidos, porque el lugar es muy muy bonito. Empezamos
a cruzar el cañón caminando sobre el puente, hay que pasar con la bicicleta un
lado o cargándola, y, si lo tienes, pues vencer el miedo a las alturas porque
no queda de otra, ni modo que te regreses 20 km, ya vas bien cansado. Nuestro
fotógrafo designado, resulta que le tenía miedo a las alturas, así que pasó a gatas
y sentado, apoyado por los otros compañeros del grupo que lo animaban con
porras y palabras de aliento, logró cruzar, no le quedaba de otra, el último
tramo, ya incluso lo hizo caminando, al final le dimos un aplauso.
Estuvimos un
buen rato después de pasar el puente ahí sentados, refrescándonos, todo mundo
platicando sus peripecias y sus experiencias. Un rato después, le dimos, ahora sí, el último
jalón, para salir al poblado del Naranjo, Guerrero, pero a medio camino ¿Qué creen? ¡Una reja con
candado cerrando el camino! Les digo que se quieren robar las tierras, lo que
hicimos fue cargar las bicicletas, saltar la reja, por fin arribamos al Naranjo,
dónde nos esperaban las camionetas, llegamos todos a tomar agua, refrescos, a
platicar. Algunos se cambiaron. Subieron las bicicletas a las camionetas. Habíamos
planeado llegar ahí a las 4 de la tarde, pero ya eran las 6:30, así que nos
subimos a las camionetas y partimos de regreso.
El pilón: yo
había planeado que me dejaran en Cuernavaca y tomar un camión para regresar a Cuautla,
pero resulta que llegamos casi a las 9 de la noche a Cuernavaca, por lo tanto,
ya no habría camión para mí de regreso a esa hora. Entonces les pedí que me
dejaran en la desviación sobre la autopista antes de La Pera, para yo bajar
hacia Cuautla en la bicicleta, era las 9.30 de la noche, yo traía luces y todo,
pero, llegando a Cuernavaca, empezó un aguacerazo, tuvimos la esperanza que más
adelante se quitará, pero, ya no se quitó. Así que me tuve que bajar con lluvia
ahí en el entronque, y pedalear los 8 km hasta la caseta de Tepoztlán, lo disfruté
con la lluvia y todo, pero ya no quise arriesgar más, le hablé a mi esposa Tere
y me hizo el gran favor de ir por mí a la caseta de Tepoztlán, llegó, subí mi
bicicleta al portabicicletas, me quité todas las cosas que estaba mojadas. Por fin llegué a mi casa en Cuautla a las 11
de la noche. Hasta la próxima.










































































































