El reencuentro
En ocasiones la vida te lleva por
rumbos diferentes, pero también a veces, nosotros, por concentrarnos en cosas
menos importantes perdemos de vista los amigos.
Este mes me
enteré con sorpresa y satisfacción que dos de mis amigos más queridos y cercanos,
con los que tengo muchas coincidencias, sobre todo filosóficas, estaban también
ya pedaleando, tenían sus bicicletas de montaña y además ya habían desarrollado
condición física suficiente para hacer un recorrido. Así que nos pusimos de
acuerdo y nos encontramos el domingo pasado en Yautepec, Morelos. Los tres llegamos pedaleando al encuentro;
Antonio, desde Cuernavaca; Javier y yo pedaleamos desde Cuautla.
El punto de
encuentro fue frente a la estatua de Morelos en el libramiento a la entrada de Yautepec.
Javier y yo llegamos juntos, pues nosotros salimos de Cuautla, al llegar al
punto de encuentro no vimos a Toño, yo miré hacia una tienda Oxxo que está por
la zona, vi ahí parado a un ciclista que, a lo lejos nos observaba, era un
ciclista muy delgado, ajuarado con todo su equipo, se veía muy profesional y se
nos quedaba viendo. Pensé por un momento que podría ser Toño, pero no, ese era
un ciclista profesional. Después pensé que a lo mejor si era y le hice una seña
de saludo, pero él a la distancia no la contesto, entonces pensé, pues que no
era, pero de todas maneras, ante la duda, me dirigí caminando hacia él, y pues
resulta que ¡sí era él! Pero era irreconocible, estaba bien disfrazado de
ciclista profesional: una bicicleta muy bonita rodada 27 nuevecita, uniforme
bien combinado, casco. Todo un ciclista hecho
y derecho. Nos saludamos efusivamente,
sin abrazos, por aquella cosa de la sana distancia, que ya nos tiene hartos,
pero la respetamos. Platicamos ahí unos diez minutos acerca de los 10,000 temas
que teníamos pendientes y emprendimos camino con rumbo a la Ex Hacienda de la Concepción,
mejor conocida como la Ex Hacienda del Hospital.
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| Mi bici |
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| El periodo azul |
Después del
rico desayuno y la larga plática, fuimos a visitar las ruinas del acueducto que
surtía de agua a la ex Hacienda de la Concepción, hoy conocida como la Ex
Hacienda del hospital, es un lugar muy bonito, retirado y poco conocido. Ahí
estuvimos solos y aprovechamos para tomar la foto oficial de los tres juntos, después
nos fuimos pedaleando por un camino de terracería, cruzando ya los campos de Anenecuilco,
pasamos junto a un jagüey, que por ser ahora época de secas está casi sin agua.
Casi al llegar al pueblo de Anenecuilco nos detuvimos a la orilla de un apancle
muy ancho, que lleva mucha agua cristalina y que tiene a sus costados muchos
árboles de laurel de India.
Sentados ahí,
saqué las pulseras y llaveros que estoy elaborando con el ánimo de poder hacer
cicloturismo económicamente autosustentable. Les gustaron, y Toño me compró un
llavero sorpresa, que tiene una secreto que no les voy a decir, hasta que
compren uno ustedes.
Ahí, a la sombra de los laureles de la India,
estuvimos mucho tiempo platicando, el tema de discusión: si el hombre es libre
o no y si existe la libertad. Toño argumentaba que no y yo argumentaba que sí. Parece
que lo hicimos bien, porque, como en los diálogos de Platón, el tiempo se
terminó, y sin llegar a una conclusión lo dejamos para después.
Al empezar
nuevamente a pedalear ya teníamos hambre, así que decidimos ir a comer a un
restaurante excelente, que se llama La curva, donde la especialidad es un tamal
de bagre. En el restaurante había muy poca gente, cosa que nos agradó mucho, comimos,
platicamos varias horas, nos despedimos de ahí porque ya estaban recogiendo las
mesas.
De regreso pasamos
a la Laguna de Moyotepec, Morelos, que, por estas temporadas, por el estiaje tiene
muy muy poquita agua, aun así, la vista es bonita y al fondo se alcanzaba a ver
muy tenuemente el Popocatépetl, pues en esta temporada hay mucha bruma y ceniza.
Estuvimos ahí haciendo patitos con piedras y jugando a la puntería tirándole
piedras a una botella de plástico, como se veía que ya iba a oscurecer, decidimos
emprender el regreso porque Toño se iba a regresar en camión a Cuernavaca, regresamos
pedaleando por el bulevar recién construido que va de Anenecuilco hasta Cuautla,
en el camino cayó la noche, nos fuimos directo a la terminal, pero el último camión
a Cuernavaca había salido 10 minutos antes, eran las 9:30 de la noche, así que
Toño tuvo que pernoctar esa noche en Cuautla y ahí nos despedimos, al final
habíamos rodado, sin sentirlo 80 km. Hasta
la próxima
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| Javier |
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| ¿A poco se nota que le van al America? |
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| Cuando andas de buenas hasta los manteles son bonitos |
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| Este es el llavero sorpresa |




























