lunes, 3 de agosto de 2020

¡A canijo llorón!

Difícilmente lloro, mi hija Judith, me dijo un día que nunca me había visto llorar.

 Y no es que me haga el fuerte, pero así ha sido desde hace muchos años. En los últimos diez años, seguramente no he llorado ni diez veces. 
La historia es que hoy que rodamos los setenta y cinco kilómetros de Popotlan a Ensenada al ir viendo todos los fantásticos paisajes, al llegar a una zona que tiene unas altas peñas, salpicadas de unas plantas del tipo de las suculentas, de pronto sentí un nudo en la garganta, de alegria, de felicidad, de plenitud, y empecé a llorar, lloré y lloré por un buen tramo, mientras seguía disfrutando las vistas, el viento, el sol en mi rostro, los músculos llenos de sangre en mis piernas, y mis pulmones jalando el aire a todo fuelle. ¡Que viaje!

3 comentarios:

  1. Me impacto tu historia Mi estimado Jorge limpiar tu alma mostrar sensibilidad y llenarte de emoción creo yo es una forma de Agradecimiento al universo las bellezas de nuestra naturaleza Pachamama
    Animo mucho éxito mucho entusiasmo infinitas bendiciones!! RUEDA, RUEDA, RUEDA CORRECAMINOS

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  2. George que bien te hizo llorar, cuando estuviste en casa, Ana me comentó que retuviste tu llanto, platicando lo que tu ya sabes, y al ver a tu alrededor y rodando, más el aire por fin lloraste mi hermano, estás pleno y sigue tu ilusión y termina tu meta, te extrañamos, es algo tan fraternal.

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  3. Asi llore el primer dia que llamaste y andaba cerca de la estacion electrica de la Ex Hacienda El Hospital "La Concepcion"

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