Si hoy terminará mi viaje me daría por bien servido. Nunca imaginé vivir tantas y tan profundas experiencias y aprendizajes.
Una de las primeras es el entusiasmo tan grande, que ví, que el anuncio y confirmación de mi viaje sucitó. Se creo un ambiente de euforia y entusiasmo que ha impregnado siempre estos últimos días. Muchas gracias a todos por su palabras de aliento y entusiasmo, por su muchas bendiciones.
Yo no tenía pensado ni planeado encontrarme con mi amigo Miguel Ibarra. Un día se me ocurrió hablarle por teléfono porque yo sabía que vivía en Tijuana y yo quería saber cómo estaba la situación por el asunto de la pandemia.
Me dijo que las cosas estaban razonablemente bien e insistió vehementemente en que llegará a su casa.
Yo me sorprendí, pues teníamos más de 40 años de no vernos. Fuimos compañeros de la preparatoria.
Con el he aprendido, mediante su ejemplo, como ser un anfitrión. Hemos conversado casi días enteros y he encontrado en él, un amigo, de esos pocos que siempre quisieras tener en los días aciagos.
Además nos reunimos en varias ocasiones con otra compañera de la prepa y pasamos muchas, muchas horas conversando hasta que el sueño nos vencía.
La ciudad de Tijuana me tiene enamorado, su comida, sus murales, su autenticidad, su diversidad.
Hasta mañana.
No hay comentarios:
Publicar un comentario