viernes, 12 de febrero de 2021

Más vale tarde que nunca

 Ya se que es bueno preparar las cosas un día antes de una rodada, incluso varios días antes, pero ya cuando me di cuenta era viernes y le di crédito a la flojera que me susurró: — Mañana temprano arreglas las cosas, además, son bien poquitas.

Pues no, resulta que me no me levanté tan temprano y las cosas andaban desbalagadas,
además, poner las llantas a la presión correcta, aceitar la cadena, escoger la ropa... Para no hacerla más larga salí, como los toreros, diría mi amigo y maestro Juan Alberto Salcedo Viderique, después de las 12 del día.
Puse música en mi pequeña bocina que llevo amarrada al manubrio y vámonos.

Me habían invitado a San José de Pala en la Sierra de Huautla, pero en estás épocas he decidido no rodar en grupo, sobre todo después que un compañero ciclista muy cercano murió de Cóvid, después rodar en grupo. Así que hasta que no esté vacunado rodaré de a lobo solitario.

Desde hace tres semanas tenía planeado rodar hacia Coatlán del Río, para recorrer los tres municipios de Morelos que me hacen falta visitar en bici, así que me dirigí a Coatlán.

Me fui rumbo a Tlatizapán cruzando por la zona protegida de Las Estacas, el camino es muy bonito, la carretera está en buen estado, poco transitada y los paisajes: cactus, peñas son extraordinarios. Por el camino en los poblados fui cazando los árboles de Primavera que en esta temporada están en plena floración y son un espectáculo esplendoroso.

A medio camino el sol a plomo me empezó a recordar la tontería que es salir a pedalear tan tarde, pero yo le contesté, que "más vale tarde que nunca". Y a disfrutar del sol y del calor.

Al cruzar por Tlatizapán, tenía intenciones de pasar a saludar a mi amigo Chano a Agua Dulce, pero se me durmió el gallo y a pesar de ir atento, cuando ví ya me había pasado.

En Xoxocotla me detuve bajo un árbol a tomar agua y comerme un plátano y dos mangos que traía conmigo.

Para poder pasar por Miacatlán entre por Alpuyeca, quería comerme una nieve de elote ahí, las preparan deliciosas, pero, en el primer sitio que me detuve no tenían de elote, en otro lugar que ví, los dependientes no traían cubrebocas, me seguí derecho, mi premio de consolidación fue una agua bien helada de piña colada que compré en una paletería a bordo de la carretera.

Llegué a la altura de Laguna del Rodeo a las 6 de la tarde, me desvíe de la carretera por dónde intuí que llegaría a la laguna y le atiné. La laguna es bastante grande y como ha bajado de nivel todos el campo antes de llegar a la laguna tiene césped y se ve muy bonito, ahí había algunas familias disfrutado de la tarde, entre con la bici rodando por el pastito, la pare apoyándola en una piedra y me fui a tomar fotos de la laguna. Pensé que sería un lindo sitio para acampar, así que me regresé a una casita que había visto dónde empezaba el pasto. Les pregunté si tenían algo para comer, me dijeron que ya no. Decidí ir al pueblo a comprar comida y regresar a acampar.

Al llegar a la carretera pensé que con la poca luz que quedaba podía llegar a Coatetelco y ahí los restaurantes se que funcionan un poco más tarde, así que le di con fibra.

Llegué anocheciendo a Coatetelco, me metí al primero restaurante que encontré junto al lago.
Tenía un gran terreno con césped y una palapa enorme, pregunté si tenían comida y me dijeron que solo me podrían hacer un cóctel de camarón y poco creen que me iba a poner mis moños, les dije hágase. Y esos comí, con dos refrescos y hartas galletas. Les pedí chance de acampar, primero me dijeron que no, que no estaba el dueño, le rogué al mesero cinco veces, hasta que al fin me trajo al dueño y me dió permiso de acampar.

La noche está fresca, ya armé mi casita, me bañe en la laguna con mi jabón Zote, platiqué con Don Carlos el velador, y ya hasta escribí mi relato. Vámonos a dormí, mañana le doy para Coatlán del Río y de regreso a Cuautla. Y sí, prometo salir bien temprano.





















No hay comentarios:

Publicar un comentario