sábado, 6 de marzo de 2021

SE PRENDIÓ EL CERRO

Recibí un mensaje el martes pasado: «Somos Estefanía y Javier, ciclistas , vamos rodando hacia el sur ¿puedes darnos posada?»
Sí, claro, contesté. Venían de Tepoztlán y llegarían el jueves. Cuando se puede, me gusta ir al encuentro de los cicloviajeros que nos visitan, pero ya salían muy avanzada la mañana y yo tenía chamba.

Llegaron el jueves a las 5 de la tarde, sí,  tenían pinta de cicloviajeros: bien asoleados, sudorosos, sonrisa fácil y franca. Nos saludamos y les mostré el sitio, el lavadero, la cocina y su habitación, la clave de internet. Bañense y relájense yo me desocupo a las 9 de mi último paciente, les dije.

Tere, mi esposa siempre me apoya, ella preparó unas baguettes de jamón y queso, y nos compró un pastel de chocolate.

A las nueve en punto llevamos todo a una terraza abierta y nos sentamos a cenar y conversar. 

Javier es de Zihuatanejo, Guerrero, vive en Morelia, Michoacán, me contó que trabaja en varias cosas, que lo hace durante un tiempo y ya que ahorra se va a rodar para donde apunte la chancla, sin itinerario, sin expectativas. Y que en  esta ocasión se unió a  el grupo donde venía Estefanía, con la intención de guiarlos en una jornada, pero ya lleva varias semanas. Nos contó que rodar en esta ocasión le ha llevado a emprender una alimentación más sana. 

Estefanía, es mi paisana, jalisquilla, estudió biología, dejó un "buen trabajo" en una transnacional que hace negocios con insectos para andar de vaga en bici, a su madre casi le da el soponcio, pero si «se te prende el cerro» ya no hay nada que hacer. 

Yo les sorrajé mis santoaventuras de La Ruta Chichimeca, hablamos de las familias, de nuestros aprendizajes rodando. Estuvimos conversando hasta las 12:30 de la noche, le paramos para no desvelarnos mucho.

El viernes pasé temprano por ellos y los acompañé rodando hasta Chalcatzingo, Morelos, allá encontramos un mural hecho a nuestra medida y nos tomamos la foto. 

Nos despedimos, pero debo confesar que pasó por mi cabeza la idea: ¿Y si me voy con ellos?
Si no lo cuento, nadie sabría que tan cerquita estuve de que «se me prendiera el cerro» también a mí. 


P.D. ¿Se puede vivir sin contacto absoluto con nadie por miedo al Cóvid? Tal vez sí, pero, ¿eso es es vivir?

Para vivir hoy es necesario correr riesgos, siempre ha sido así, tal vez ahora hay que elegirlos con más cuidado.
Salir al trabajo, recibir correspondencia, ir al super, comprar en el mercado, recibir la compra que hiciste en línea, salir a la terraza del jardín.

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