miércoles, 21 de abril de 2021

El Reencuentro

El reencuentro

En ocasiones la vida te lleva por rumbos diferentes, pero también a veces, nosotros, por concentrarnos en cosas menos importantes perdemos de vista los amigos.

Este mes me enteré con sorpresa y satisfacción que dos de mis amigos más queridos y cercanos, con los que tengo muchas coincidencias, sobre todo filosóficas, estaban también ya pedaleando, tenían sus bicicletas de montaña y además ya habían desarrollado condición física suficiente para hacer un recorrido. Así que nos pusimos de acuerdo y nos encontramos el domingo pasado en Yautepec, Morelos.  Los tres llegamos pedaleando al encuentro; Antonio, desde Cuernavaca; Javier y yo pedaleamos desde Cuautla.

El punto de encuentro fue frente a la estatua de Morelos en el libramiento a la entrada de Yautepec. Javier y yo llegamos juntos, pues nosotros salimos de Cuautla, al llegar al punto de encuentro no vimos a Toño, yo miré hacia una tienda Oxxo que está por la zona, vi ahí parado a un ciclista que, a lo lejos nos observaba, era un ciclista muy delgado, ajuarado con todo su equipo, se veía muy profesional y se nos quedaba viendo. Pensé por un momento que podría ser Toño, pero no, ese era un ciclista profesional. Después pensé que a lo mejor si era y le hice una seña de saludo, pero él a la distancia no la contesto, entonces pensé, pues que no era, pero de todas maneras, ante la duda, me dirigí caminando hacia él, y pues resulta que ¡sí era él! Pero era irreconocible, estaba bien disfrazado de ciclista profesional: una bicicleta muy bonita rodada 27 nuevecita, uniforme bien combinado, casco.  Todo un ciclista hecho y derecho.  Nos saludamos efusivamente, sin abrazos, por aquella cosa de la sana distancia, que ya nos tiene hartos, pero la respetamos. Platicamos ahí unos diez minutos acerca de los 10,000 temas que teníamos pendientes y emprendimos camino con rumbo a la Ex Hacienda de la Concepción, mejor conocida como la Ex Hacienda del Hospital.

Mi bici

 Mientras circulábamos hacia allá, íbamos pedaleando uno junto al otro, platicando de todas las cosas que teníamos atrasadas, disfrutando la vista de los cañaverales, de las milpas, de los campos de arroz. Circulamos unos 8 km sobre la carretera de 4 carriles Yautepec – Cuernavaca, al llegar a Cocoyoc, dimos vuelta a la derecha por un camino vecinal muy estrecho que conduce hacia el pueblo del Hospital,  ese camino es muy bonito porque tiene poca circulación, los escasos autos que pasan por ahí, pasan despacio, y todo el camino está bordeado de campos de cultivo, pasamos por el árbol sagrado,  un árbol de mango muy bonito que me gusta mucho,  nada mas se los señalé al pasar,  no quise que hiciéramos alto ahí para no tardarnos más.

El periodo azul


Por las vistas de los campos, casi sin darnos cuenta ya estábamos cerca, unos 2 km antes de la Ex Hacienda del Hospital, Toño empezó a apretar el paso y yo también, terminamos compitiendo en un sprint antes de llegar al pueblo.  Ya en el pueblo, recorrimos los lugares donde venden comida y escogimos uno de ellos. Deduje, por un mural que se encontraba en el interior, que los propietarios del restaurante le van al América, aunque nosotros no somos aficionados al fútbol, escogimos el lugar porque era amplio, estaba limpio y nos dejaron meter las bicicletas a su extenso jardín interior.  Ahí nos despachamos con unos tacos de manita de puerco y chile relleno.

Después del rico desayuno y la larga plática, fuimos a visitar las ruinas del acueducto que surtía de agua a la ex Hacienda de la Concepción, hoy conocida como la Ex Hacienda del hospital, es un lugar muy bonito, retirado y poco conocido. Ahí estuvimos solos y aprovechamos para tomar la foto oficial de los tres juntos, después nos fuimos pedaleando por un camino de terracería, cruzando ya los campos de Anenecuilco, pasamos junto a un jagüey, que por ser ahora época de secas está casi sin agua. Casi al llegar al pueblo de Anenecuilco nos detuvimos a la orilla de un apancle muy ancho, que lleva mucha agua cristalina y que tiene a sus costados muchos árboles de laurel de India.

Sentados ahí, saqué las pulseras y llaveros que estoy elaborando con el ánimo de poder hacer cicloturismo económicamente autosustentable. Les gustaron, y Toño me compró un llavero sorpresa, que tiene una secreto que no les voy a decir, hasta que compren uno ustedes.

 Ahí, a la sombra de los laureles de la India, estuvimos mucho tiempo platicando, el tema de discusión: si el hombre es libre o no y si existe la libertad. Toño argumentaba que no y yo argumentaba que sí. Parece que lo hicimos bien, porque, como en los diálogos de Platón, el tiempo se terminó, y sin llegar a una conclusión lo dejamos para después.

Al empezar nuevamente a pedalear ya teníamos hambre, así que decidimos ir a comer a un restaurante excelente, que se llama La curva, donde la especialidad es un tamal de bagre. En el restaurante había muy poca gente, cosa que nos agradó mucho, comimos, platicamos varias horas, nos despedimos de ahí porque ya estaban recogiendo las mesas.

De regreso pasamos a la Laguna de Moyotepec, Morelos, que, por estas temporadas, por el estiaje tiene muy muy poquita agua, aun así, la vista es bonita y al fondo se alcanzaba a ver muy tenuemente el Popocatépetl, pues en esta temporada hay mucha bruma y ceniza. Estuvimos ahí haciendo patitos con piedras y jugando a la puntería tirándole piedras a una botella de plástico, como se veía que ya iba a oscurecer, decidimos emprender el regreso porque Toño se iba a regresar en camión a Cuernavaca, regresamos pedaleando por el bulevar recién construido que va de Anenecuilco hasta Cuautla, en el camino cayó la noche, nos fuimos directo a la terminal, pero el último camión a Cuernavaca había salido 10 minutos antes, eran las 9:30 de la noche, así que Toño tuvo que pernoctar esa noche en Cuautla y ahí nos despedimos, al final habíamos rodado, sin sentirlo 80 km.  Hasta la próxima 



Javier


¿A poco se nota que le van al America?

Cuando andas de buenas hasta los manteles son bonitos















Este es el llavero sorpresa












 

3 comentarios:

  1. Muy buena narración de la aventura del domingo. Muchas gracias Jorge por enseñarnos lugares tan bonitos en donde las piedras y los árboles se abrazan amistosamente como lo hicieron nuestras bicicletas. Seguimos!

    ResponderEliminar
  2. Qué sorpresa !!! Narración del día en que hice uno de los máximos esfuerzos ciclisticos hasta el momento motivado por el viaje de Jorge Ornelas en la ruta chichimeca 2020 de tres meses, y la visita de Antonio a Cuautla en bicicleta desde Cuernavaca y por cañón de lobos en domingo, la próxima les digo que se adelanten para que lleguen a tiempo a la terminal y/o utilizo otras llantas más grandes!!!, En hora buena amigos, son un ejemplo a seguir.

    ResponderEliminar